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1907-1966
Virtuoso sacerdote e inspirado poeta y dramaturgo
Nació en Atlacomulco, Méx., el 22 de febrero de 1907, a las 11:00 de la noche (acta No. 61, a fojas 16 del libro de este año. Nacimiento de Margarito Ezequiel). Sus padres fueron don Ezequiel Rosas Flores y doña Nicolasa Monroy Martínez. Solamente tuvo un hermano llamado Alfonso, quien se casó con la señora Leonor Cárdenas Vélez. Recibió su educación elemental en su pueblo de origen (en la Escuela Primaria “Rafael Favila” fue alumno de la maestra Rosaura Mercado Montiel, y continuó los estudios propios del sacerdocio (1919) en el Seminario Conciliar de la Arquidiócesis de México, donde además estudió latín, griego, retórica, filosofía y francés (Ángel Ma. Garibay fue su maestro de latín y de griego). Al destacar por obtener siempre las más altas calificaciones, fue considerado y propuesto para que concluyera sus estudios y la carrera sacerdotal en Roma, en el Pío Latino, lugar destinado para los seminaristas sobresalientes, pero debido a ciertos problemas personales no se cristalizó tal proyecto.
Recibió su ordenación sacerdotal el 19 de abril de 1930 de manos del Dr. Pascual Díaz y Barreto, arzobispo de México, en la iglesia de La Profesa. En Atlacomulco, su tierra querida, celebró su cantamisa (primera misa) el día 25 del mismo mes y año. Conocido y llamado con cariño el padre “Quelo”, se caracterizó por su trabajo sencillo y humilde, lleno de un afecto que irradiaba a sus feligreses que en tantas y diversas parroquias tuvo la oportunidad de asistir. Siempre practicó en la vida diaria lo que predicaba de palabra y su bondad no tuvo límites, virtudes por las cuales se hizo amar por todos y en todas partes.
Como sacerdote de la iglesia católica gustaba de las grandes tareas apostólicas y durante su ministerio sacerdotal prestó servicios en las siguientes poblaciones o lugares: Vicario cooperador de las parroquias de Ixtlahuaca, San Felipe del Progreso, Valle de Bravo, los Remedios y Jilotepec. También ocupó el cargo de vicario fijo en los pueblos de San Bartolo Morelos (1932) y San Andrés Timilpan (193), lugares todos pertenecientes al estado de México.
Supeditado humildemente a las indicaciones de sus superiores, es llamado al Distrito Federal, con destino específico a la parroquia de Santo Domingo, Mixcoac (1933-34), como ayudante de cura. Poco después se desempeña como vicario fijo de El Atorón y El Oro, estado de Méx. (1934-1937). También administra las iglesias de Tepexpan (1938-39), Atlacomulco y San Felipe del Progreso (1944), Siendo párroco de Atlacomulco (1939-1943), amorosamente atendía a todos por igual y, particularmente en el mes de mayo (mes de las flores), dedicaba con especial interés sus más sentidas, dulces y tiernas composiciones poéticas a la Virgen María.
Poco más tarde se desempeña como vicario fijo de la Magdalena Mixhuca, en el D.F.; de la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (colonia Mártires de Río Blanco, D.F., 1946) y del Sagrado Corazón de Jesús (colonia Estrella, D.F., 1946). Posteriormente es enviado como párroco a la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe (colonia Moderna, D.F.) y finalmente a la parroquia de Cristo Rey (colonia Janitzio, D.F.), en donde permanece desde 1953 hasta el día de su muerte (1966).
El padre Ezequiel Rosas, además de sacerdote virtuoso, fue un inspirado poeta y excelente dramaturgo. Desde que cursaba los primeros años en el seminario afloraron en él la inquietud y afición literaria, y a pesar de que nunca pretendió sobresalir como literato, siempre cultivó la poesía con empeño inspirado principalmente en la obra de Fray Luis de León, Fray Juan de Granada, Lope de Vega y el obispo Joaquín Arcadio Pagaza. En su copiosa producción se advierte el amor por el campo, el paisaje y el ambiente de su pueblo natal, que lo invitan a componer varias poesías de corte pastoril y una serie de sonetos a las silvestres y humildes florecillas, recordando los años lejanos de su niñez y adolescencia. De igual forma, su obra sacra es abundante y está dirigida esencialmente al culto a la Virgen, aparte de muchos romances de toma religioso y homenajes a figuras y jerarcas de la iglesia.
Fue autor de los libros Cantos del sendero (1955); De mi musa campesina. Sonetos (1955), con la siguiente dedicatoria: “A todos los campesinos y aldeanos de mi pueblo natal Atlacomulco, con todo el cariño de mi alma”. Pétalos del alma y Luminarias (1956); Arpegios de mi laúd (1963); El trovador de la Virgen (1963); Poemas bucólicos, que don Mario Colín Sánchez editó en 1972 en la serie “Testimonios de Atlacomulco”. Público numerosos poemas al reverso de estampas religiosas que regalaba a los feligreses de las parroquias que atendió, siendo obra de su inspiración: Navidad (1952); Florilegio poético (1955); Ofrenda a María (1955); Flores del campo (1955); Poemas dedicados a María Santísima (1956); Átomos de amor (1958); Al Dignísimo Señor Obispo de Toluca, Dr. Arturo Vélez M. (1956); Testamento a María Santísima (1961) y Padre, maestro, pastor (1962), sin olvidar su famosa y emotiva oda poética dedicada a Atlacomulco, llena de bellos versos y emotivos recuerdos, donde manifiesta su amor por el paisaje y el ambiente de su querido pueblo:
…Atlacomulco, loma de esmeralda
como un engaste de encarnada cruz,
en tus risueños valles vi la luz primera
y me arrullaste allí en tu falda…
cerrito de las cruces…
debajo de tus pinos recostado
y oyendo de los aires los rumores,
me adormecí olvidando mis dolores
envidioso de nada ni envidiado…
Acerca de lo que para él significada la poesía, lo sintetizó en este verso tomado de su libro Luminarias:
…Eso es niñita risueña,
un poeta: un pecho ardiente
que siente mucho, que siente,
que sueña mucho, que sueña;
alma que en vano se empeña
por expresar el rumor
de la música de amor
que de muy lejos se escucha;
ruiseñor…hombre que lucha
y que muere de dolor…
También escribió diez pequeñas obras de teatro, en verso y prosa, que representó en escenarios parroquiales con actores salidos de su feligresía; además de varios dramas y un Ensayo Filosófico sin fecha, de acuerdo con su manera de razonar dentro de su posición religiosa. Su acentuada vocación por la literatura, la filosofía, la historia, la oratoria y el arte, hicieron de él, definitivamente, un gran humanista.
Poco antes de morir obsequio la mayor parte de su biblioteca personal al Seminario de Toluca.
“Despreocupado por acentos que fueran más allá de su palabra sencilla, escribió versos despojados de todo artificio contradictorio de su humildad profunda… Con el canto en los labios, lleno de amor y de bondad, partía de un pueblo a otro el juglar que había en él, recorriendo las parroquias en que servía a su feligresía… Ezequiel Rosas fue un pastor que se hizo amar por sus virtudes, apegadas a la doctrina que preciaba con su palabra y practicaba con su vida. Fue humilde y bondadoso en grado extremo; daba la sensación de ser un fraile franciscano, y como los grandes de esa grey, “murió en poético olor de santidad”. (Mario Colín. Tres notas sobre la vida y obra de Ezequiel Rosas, pp. 9-11):
El padre Ezequiel Rosas Monroy falleció en la ciudad de México el 10 de abril de 1966, a los 59 años de edad. Sus restos, por disposición y voluntad propia reposan en el panteón del “Sagrado Corazón de Jesús” de su añorada tierra natal, en la cripta familiar y al lado de sus padres don Ezequiel Rosas y doña Nicolasa Monroy, fallecidos el 14 de enero de 1910 y el 16 de julio de 1943, respectivamente.
El 9 de mayor de 1954, en el semanario “ATA” de este lugar (No. 3, 7ª) se publicó, entre otros, el siguiente concepto: “Atlacomulco tiene en el poeta Ezequiel Rosas un nuevo cantor en el Parnaso Provinciano, que con el Pbro. Adolfo Nieto y la incipiente y perdida producción literaria de Leopoldo Flores, forman una trilogía de poetas férvidos de la tierra amada que los vio nacer”.
En 1977 se colocó una placa (al parecer ya desaparecida) en la que fuera su casa que decía: “EL POETA EZEQUIEL ROSAS NACIÓ EN TLACOMULCO Y MURIÓ EN LA CIUDAD DE MÉXICO. 1907-1966”. A pesar de que el amor por su pueblo de origen lo conservó hasta el final de su vida, nada existe en Atlacomulco que recuerde su calidad espiritual e inspiración poética, porque evidentemente, “fue el Padre Quelo, como lo llamaban en Atlacomulco, con afecto, un destacado miembro del Cleto y una modesta gloria literaria del estado de México, razón por la cual nos ha parecido adecuado conservar su memoria y su recuerdo”. (Emeterio Valverde y Téllez. Bio-Biografía Eclesiástica del Estado de México, p. 226).
Corral Castañeda Antonio, García Moreno Adela, “30 ATLACOMULQUENSES DISTINGUIDOS” Reseñas biográficas, Ayuntamiento de Atlacomulco 2003-2006, Primera edición, 2004.
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